Antiguamente las personas que poseían caballos tenían que llevarlos a la herrería periódicamente cada vez que su animal tuviese que cambiar las herraduras o bien porque las hubiese perdido y necesitase otras nuevas.
En aquellos tiempos en los que los caballos se usaban en las faenas diarias se herraba “a la española”, y con esto quiero decir que el dueño del caballo en su mayoría de veces participaba en la aventura de herrar a su caballo, más adelante, se empezó a estilar “la inglesa”, esa forma en la que el herrador no necesita que nadie le sujete los pies del caballo porque los tiene sobre sus propias piernas, mucho más temeraria en caballos difíciles.
Antes no se podía coger e inyectar tranquilizantes a un caballo porque todavía no existían, lo solventaban aplicando métodos de tortura, o encajonando al animal. Muchos de estos métodos acababan lastimado al animal o al herrador.
Seguramente el método del puro o purito lo hemos heredado de la época de la que hablo, el puro es un garrote con una cuerda que lo atraviesa por un extremo en forma de argolla, con esta argolla se le retuerce el ozico y el caballo al verse prieto en una zona tan sensible intuitivamente decide no moverse para no lastimarse así mismo.
A día de hoy los herradores se desplazan a los ranchos o clubs hípicos donde hierran a los caballos por encargo. La mayoría de las personas que tienen un caballo en un club avisan que necesitan herraje nuevo y solo notan la diferencia en la factura. Hoy día el herrador no necesita la asistencia del propietario, tampoco de personas que curioseen su trabajo o le critiquen por lo bajini, de ahí que muchos de ellos prefieran herrar a tempranas horas de la mañana, cuando la actividad de los clubs es todavía muy floja.
La aplicación de tranquilizantes es, cuanto menos complicada. Hay herradores medrosos que tienden a suministrar tranquilizantes a diestro y siniestro, no hablo de suministrar una dosis elevada sino de utilizarlo sin criterio. Partiendo de que hay caballos dóciles (a los que no se les debe de aplicar), caballos difíciles en situaciones difíciles en las que se mide la valía del herrador o incluso su temeridad, y caballos malignos, malignos de verdad, de los que van a por ti y se lo notas en la mirada, se debe considerar la posibilidad de utilizar un sedante.
Por otra parte está la opinión del propietario, quien le parece bien o mal moralmente, quien se queja por el encarecimiento del precio sin tener en cuenta quien se la está jugando, sin tener en cuenta que es muy cómodo no entrenar al caballo desde potro para que de las manos, eso es tarea del herrador, pensará más de uno. Muchos herradores aseguran que si los tranquilizantes fuesen gratis todos o casi todos los propietarios no tendrían inconveniente en que se sedase a sus animales durante el proceso.
Hay personas que piensan que los sedantes son perjudiciales, está demostrado que no lo son si se utilizan en las cantidades prescritas, los modernos no tienen ninguna reacción secundaria, antiguamente si las había, como pueda ser impotencia por parte de los sementales.
En ningún caso se ha demostrado que un caballo pueda manifestar adicción a los tranquilizantes utilizados prolongadamente en el tiempo, como pueda ser, cada vez que sea necesario herrarlos.
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El caballo se adiestra consiguiendo y dando confianza y respeto, igual que con las personas. El uso de sedantes solo es legal si lo administra un veterinario colegiado, lo demás es un fraude a la ley y lo que es peor un fraude a la confianza y al respeto del caballo. Si vamos a utilizar recursos mecánicos que no tienen en cuenta a la naturaleza del caballo mejor si cambiamos el caballo por un artilugio mecánico sin alma ni sentimiento.
Si creemos que la intelegencia humana es superior a la del caballo no estaría de mas que la utilizáramos y tratásemos de aprender que es lo que nos dice el caballo, analicemos su historial y tratemos de solucionar los problemas ética y duraderamente. Un sedante soluciona el moemnto pero el problema seguirá intacto o peor la próxima vez.
Los cascos blandos, duros, podridos,… son principalmente por una falta de cuidados y limpieza y para atajarlos lo primero es educar en la calma a darnos sus patas, esas mismas que le sirven para huir de los depredadores, humanos incluidos.